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Mostrando las entradas etiquetadas como consciencia

Llorará Pandora cuando se entere de ti

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***ADVERTENCIA: SE DISCUTEN TEMAS DE MUERTE, VIOLENCIA Y ASESINATO*** Me pondré formalmente mi vestido de noche, de estrellas y luna y sombríos campanarios. Observaré tus ojos mientras se apagan bajo la luz de las velas, de las farolas que bailan sin ánimo junto a la ventana. Los coches pasan, o nosotros pasamos junto a ellos y aún no acaba nuestro viaje, aún no llegamos a tu hogar mi amor. Prometí acompañarte, lo sé. Prometí que te seguiría hasta el fin del mundo y que entendería aquello incomprensible para otros, que observaría en tu interior y lanzaría un hechizo protector sobre todas tus partes, tus órganos vitales, la herida y la vitalidad, la llama y la sombra, la luz y la oscuridad. Ahora estamos aquí, tú con un ojo menos y yo con las manos atadas a la espalda.  Abres tu boca y un cuchillo largo y afilado escurre por tu lengua. No lo entiendo, sin duda no lo entiendo, por qué el corazón con el que decimos amar es rojo y basta que una arteria ceda para que nues...

Cuando el bosque ame

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Si quiero, extenderme puedo mucho más allá de los límites visibles para la mayoría de los animales, arrastrar mis raíces bajo la tierra hasta sentir los cimientos de alguna roca extraña colocada ahí a propósito para servir de guarida a los seres humanos. Cuando mis colinas se llenan de hojas y el invierno pone blancos los vientos prefiero en cambio retraerme, guardarme a mí mismo para evitar perderme entre los sueños profundos de la semilla. Las pesadillas que me acosan cuando duermo demasiado tiempo siempre tienen que ver con sierras y cenizas, y no logro entonces descansar aún si todo permanece quieto. El paso del tiempo sin embargo para mí es muy diferente. A veces me siento embargado por la cantidad de información referente a aquellos seres humanos que de vez en cuando se mueren y alimentan mis fértiles suelos con su memoria y recuerdos. Aunque por mí también han pasado acontecimientos, desde niños perdidos hasta enteros ejércitos, lo cierto es que mi memoria es distinta, mi me...

Un flamenco ante el deseo

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- Me siento tentado a decir que tú estás efectivamente deseando comer una de mis uvas. - me interpeló muy groseramente el hombre cuya cabeza era, efectivamente, un racimo de uvas.  Lo miré indignado, pero tuve que apartar la mirada casi de inmediato pues de lo contrario mi rostro se volvería en un tomate, y eso en sí mismo era bastante vergonzoso. Por ahora me gustaba tener cabeza de flamenco, estirar mi largo cuello y ocultarlo en mi propio abrigo con gran dignidad, para después girarme y observarlo por unos segundos altivamente, antes de volver a desviar la vista y pretender que no existe.  El reloj en la pared de la cocina dio las once, el sol sin duda ya no entraba a raudales por las ventanas, la mañana se acababa. Miré con impaciencia la alta puerta de madera desconchada, antes blanca, ahora como mucho manchada, moteada, grisácea. Quizá llegaría pronto Ariadna, la hermana del hombre cuya cabeza era un racimo de uvas y a quien realmente esperaba encontrar al a...

Una historia más

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Crecen en las ciudades unas flores amarillas, flores sin nombre ni hogar. Son ignoradas y muchas veces olvidadas. Nacen, viven y mueren a la sombra de los puentes que se alzan como feos montículos de concreto entre los ríos de la muerte. Pero no importa lo mucho que sufran, la poca agua o sol que tengan, lo mucho que pasen sobre ellas, siempre florecen. Conocí a una de esas flores una vez. Era verano y yo estaba en secundaria, esa época extraña en la que el mundo se siente tan grande. Había salido para jugar futbol con mis amigos pese al calor, misma razón por la cual no había nadie en la calle. Excepto ella, sentada en una banca de rojo metal bajo el puente, contando nubes en el cielo. Yo desvié la vista hacia la avenida. Era muy bonita, pero como no creí volver a verla la olvidé. Pero cuando volvía a casa al atardecer ella seguía allí, y aquello me impactó tanto que la vi de verdad. Vi sus ropas viejas y su cabello descuidado. No, más que descuidado, su cabello moría, se...

Exilio

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El silencio que llenaba los establos, sólo interrumpido de vez en cuando por el suave respirar de los caballos y el eco de sus coces sobre el suelo de piedra siempre lo había tranquilizado. Pero aquel día no, aquel día ese sonido y el aroma del excremento de los animales combinado con la paja y el encierro no hacían otra cosa que ponerlo nervioso, hacerlo sentir expuesto y a punto de ser descubierto en medio de toda esa oscuridad. Pequeñas franjas de luz caían desde las paredes y el techo, filtrándose como cálidas manos que calentaban con su caricia los contornos de su pecho desnudo. Él sentía sin embargo que cada una de ellas era como un ojo, la posibilidad de alguien atisbando al interior del establo en penumbra.  Ignacio seguía dormido por suerte, cubierto por una sábana blanca su cabeza reposaba en su pecho. Emiliano lo miró con ternura y acarició sus mejillas con suavidad, recorriendo con los dedos el contorno de sus labios y admirando la negrura de sus cabellos. Aque...

Macarrones

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La crema resbaló por la comisura de sus labios y cayó sobre el plato. La miré expectante. Ella hizo una mueca y se limpió con la servilleta mientras rebuscaba algo en su bolsillo. Encontró su teléfono y respondió una llamada.  - Ajá, sí. Ajá... Sí, sí, sí. Perfecto, te llamo más tarde. - colgó y observó con cuidado los apuntes que había hecho en su pequeña libreta - Lo siento, pero tus macarrones no son lo que estamos buscando. No es que no estén ricos, pero... ¿cómo decirlo? Son demasiado simples, no son más que unos macarrones. Nuestros clientes vienen aquí en busca de más que eso, vienen buscando algo nuevo, ¿entiendes? Innovador.  - Lo entiendo. - comencé a recoger mis cosas.  - Perfecto, me alegro de haberlos probado sin embargo ¿eh? Están muy bien hechos. Bueno, fue un placer hablar contigo, espero tengas un muy buen día. ¿El siguiente? Pase por favor. Ah Ernesto, ¿de nuevo por aquí? ¿Qué me traes esta vez?  Mientras salía entró otro hombre...

El Pastel de Sal

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El pequeño Demian, emocionado, se acercó a la cocina. Las greñas de la mañana le daban un aspecto gracioso, por lo que le dio algo de risa verse en el espejo de la sala al pasar frente a su puerta. Su pijama favorito era aquel que lo hacía parecer el Hombre Araña. Sin embargo ese día no lo tenía, ese día tenía el pijama de Iron Man. También le gustaba. Pero no era su súper héroe favorito. Ese puesto estaba ocupado por Peter Parker, sin dejar lugar a dudas. Eso no quito, a pesar de todo, que al pasar por el otro espejo, el que estaba al lado de la puerta de la cocina (un enorme y antiguo espejo de cuerpo completo), pusiera una pose heroica y se admirara con orgullo.  - ¿Demian? ¡Buenos días! ¿Por qué levantado tan temprano, dormilón?- se dejó escuchar la voz de su madre desde la cocina. Era una voz suave, agradable, como azucarada, y llena de seguridad. La clase de voz que todas las madres tenían, al menos desde el inocente punto de vista de Demian. - ¡Madre!- el pequeño e...