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No puedo detenerme a dudar

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Camino por las calles de madrugada con mi mochila a la espalda. Un hombre espera impaciente la llegada de un taxi, vestido con traje y corbata. Varias personas aguardan en la parada del camión mientras que otras más van llegando y se disponen a caminar por las calles en penumbra. La ciudad despierta, el aire se llena del aroma de los puestos de desayunos y de la suave, húmeda brisa previa al amanecer. Los estudiantes me miran con ojos turbios, demasiado cansados como para otorgarme atención mientras paso de largo de todos ellos y me alejo de la normalidad. La música me espera en otra parte, no puedo detenerme a dudar. Texto e imagen de Viento Nocturno

Hueles a pasado

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No me gusta pensar en la hora del día en que tendré que decirle adiós a la noche, esa hora fatídica que con su luz anuncia la interrupción de todas las caricias. La sombra de la noche nos envuelve en su manto cuando tomas mi mano y la llevas hasta tu pecho, puedo sentir tu corazón quemándose bajo mis dedos nerviosos. No quiero un recuerdo, no, no quiero que esto se congele en el tiempo y se convierta simplemente en otro recuerdo más, quiero que se queme, quemarnos y así trascender la barrera del tiempo y el espacio. Hueles a pasado, tus ojos brillan con la misma luz que el día de ayer, cuando éramos inocentes y vivíamos sin imaginar que un día seríamos un recuerdo, ¡acércate! quiero probar tus labios para averiguar a qué sabe el paso del tiempo. La flor amarilla se marchita para dar paso al diente de león, sus pequeñas semillas vuelan, se alejan a gran velocidad; ¿pudiste pedir un d...

Deseo imposible de un fruto prohibido

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Está prohibido tomar la fruta húmeda de tu boca, está prohibido comer los suspiros que escapan de entre tus labios carnosos, está prohibido. Ojalá pudiera entender el porvenir del mundo, el devenir del misterio, la razón del existir; ojalá pudiera predecir si dormiré en tu seno, si escucharé tu murmullo, si podré de tu copa beber. Floto de espaldas como Ofelia en un río lleno de lirios que, perezosos, extienden sus blancas flores alrededor de mi cabeza: ojalá pudiera entender el trayecto de las aves que se mueven por el cielo extasiadas, entonces las nubes tendrían sentido con la armonía concertada y todos podríamos bailar sin olvidar la tonada, ¡pero ah! Maldito alcohol, un día me matarás. Las cobijas blancas que envuelven tu cuerpo entre sombras apenas pueden cubrir los contornos de tu figura que ascienden, furiosos, como listos para el terremoto de una visita sorpresa a media noche; pero tus ojos n...

El canario en la mina de carbón

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Hace tiempo que no canta el pájaro que compró mi madre una navidad, hace ya algunos años, cuando éramos felices. Nos reunimos alrededor de una mesa y sonreímos como unos hipócritas, fingiendo interés y sorpresa en nuestras copas cuando muchos habíamos estado bebiendo mucho más apenas hacía unas horas. Ya se notaban las señales de desintegración en aquel entonces, ya se olían como un miasma apenas opacado por el aroma artificial de un aromatizante. Una discusión entre mi abuelo y mi padre, los comentarios venenosos de mi tía hacia mi madre, los murmullos de mis primos, el silencio de mi hermana. Pero yo pensé que todo estaría bien, eso nos enseñan siempre ¿no? Las cosas se resuelven, los problemas pasan, todo está bien. Se olvidan decirnos, siquiera a modo de advertencia, de cuando las cosas no salen en lo absoluto como esperamos, cuando todo se rompe mucho más allá de cualquier arreglo y no queda más que naufragar y sobrevivir, agarrarse a lo que se pueda para evitar que a uno...

Querido profesor, hoy robé dos rosas de tu jardín

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La ventana de la casa de mi profesor siempre estaba cerrada, pero aquella noche noté que estaba abierta, larga y negra como la boca de un cadáver congelado en un grito o de un monstruo a punto de comerte la cabeza. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras me acercaba para ver, con un mal presentimiento. ¿Acaso se le habría olvidado cerrarla? No, eso era imposible. Siempre cerraba puntualmente su ventana a las 8, justo antes de ponerse a ver su programa en la televisión. Si alguna vez se le olvidaba en todo caso la habría cerrado antes de irse a dormir, pero era ya la una de la mañana. En cuanto entré pude ver que algo estaba profundamente mal en aquella habitación, algo terrible había pasado. La mesita que normalmente estaba tan cuidadosamente colocada bajo la ventana estaba tirada en el suelo, el florero roto en medio de un charco de agua y flores arruinadas. Los sillones estaban movidos de lugar y la mesita de cristal estaba estrellada, como si algo hubiera golpeado con fu...

Atracción secreta

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Un jugador no puede ignorar a otro jugador cuando le pide ayuda, son las reglas no escritas entre los gamers, el código de conducta de lo socialmente aceptable. Bueno, por supuesto que puede ignorarlo si es demasiado molesto o no se le puede dedicar tiempo en ese momento, pero si uno no quiere ser considerado una persona de mierda debe de prestar atención a sus compañeros de juego. La idea es sencilla, no tiene mayores complicaciones y puede completarse sin problemas. Es por eso que no entiendo por qué dices que no puedes ayudarme a conquistar a Mary, sabes que realmente me gusta mucho y que eres de mis mejores amigos. De verdad no puedo creer que me estés abandonado, después de todo lo que hice por ti. ¿Acaso no sirvieron de nada las incontables horas dedicadas a tu persona, acaso estuve hablando con un muro todo este tiempo, pasando el rato con un montón de ladrillos y cemento? Digo, sin duda a veces me sentía así, dada la extraña forma en que te quedabas callado y me mirabas...

El silencio del poeta

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Tengo un problema, necesito atarme el botón a la cabeza y volver los ojos al sitio olvidado, aquel rincón en que una vez vi florecer los dedos de mis manos. Los pliegues de una camisa no pueden cerrar y se agitan en caos profundo sin la ayuda de un botón: como un cáncer las arrugas se extienden arruinando su presentación. Necesito encontrar el ave que voló desde una jaula vacía escapando a través de las ventanas de mi alma, su canto ya no se escucha en mi triste habitación cuyos grises muros crecen alrededor. Quizá si abro la ventana pueda entrar un rayo del sol, quizá con la luz pueda ver el lugar donde te olvidé: ah, cariño, no seas tan dura, solo estaremos aquí poco tiempo, el tallo se extiende a través del nudo de una cuerda - solo estaremos aquí poco tiempo -. Usaré mi sangre como tinta para escribir estos versos y no ser olvidado. Texto e imagen de Viento Nocturno