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El fruto del temor - poema

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Felicidad, ¿quién soy yo? Las fuentes del jardín se deleitan en el baño de las tiernas aves que se posan en su superficie. Una rama de cerezo cercenada ha sido colocada a modo de advertencia para toda la existencia sobre el mito del pecado. Han venido a bailar las sombras de Su Majestad la Muerte quien juzga con leyes de piedra. ¿Qué hay en sus rostros? Desesperación. Texto e imagen de Viento Nocturno

Desde todos los bosques

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El suave viento que corría entre el silencio que crecía de los árboles llegaba a sus oídos como llega el rumor de un río corriendo hacia una catarata, una catarata que por alguna razón caía hacia el cielo y un río que reptaba por sobre su cabeza. Amelia Earhart respiró hondo con una enorme sonrisa en su rostro de crespos rizos castaños encerrados por aquel viejo casco de su abuelo, que era aviador. El latir de su corazón en sus oídos le indicaba la presión que ejercía el exterior sobre su nave dependiendo de la altura con respecto al nivel del mar mientras surcaba el cielo con los ojos cerrados y un suspiro atrapado entre los pulmones. Los brazos a ambos lados del cuerpo estirados como alas, la niña que jugaba comenzó a correr entre los árboles guiándose para no chocar únicamente de su instinto, de las ramas bajo sus pies y del aire contra su piel.  Lejos, muy lejos de allí, volaba más allá del horizonte por encima de los rascacielos y de los autos y de las autopistas y de...

Nosotros, dueños de ciudades

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Las horas pasan, y seguimos aquí. Estamos en el cielo, estamos en la tierra, estamos a derecha e izquierda, delante y detrás, arriba y abajo. El aire se enriquece de toxinas y sustancias nocivas mientras respiramos, los animales nos asimilan como un peligro más de la vida salvaje y mientras los pájaros cantan nosotros también entonamos una canción. Una melodía sin ritmo, sin tono, sin armonía o composición alguna, una canción vacía y hermosa, llena de rugidos de motor, llantas contra el pavimento y el lamento de los cláxones. Estamos en el hogar, estamos en la oficina, estamos en la escuela y en el cine, en la iglesia y en el bar, en el teatro y en el cabaret. Los años pasan, y seguimos aquí.  Coches, autos, automóviles, vehículos, trocas, carros, carcasas, bochos, tsurus, jetas, yetas, camiones, camionetas, limusinas, limos, motos, motonetas, mercedes, deportivos, descapotables, carrozas, chatarras, convertibles, eléctricos, automáticos, estándar, chevis, cheyenes, jul...

Virus of the Butterfly

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I feel like I'm fading, like an old painting hanging on the wall at a forgotten corner of a lonely hall, the paint slowly starts to blur as time passes in a hurr and the gray fills every inch until there's nothing there to pinch and has fade away all the caring. I feel like a ghost wandering alone through the desertic rooms of a decrepit home, an ancient manor which breaths no more for death has left her with no core and now the rooms once filled with joy hold but silence and deploy and even that poor lonely ghost starts disappearing, forgetting most. Walking in the darkness the sleepwalker sings a song with no meaning or feelings alive and it feels like the Void is the one who guides as the body once Him no longer is mine. Text and image by Viento Nocturno

Una vida sin amor

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No hay perdón en la lluvia que cae sobre la ciudad. El alma del río que jugaba ya no se escucha más. ¿Quién soy yo para escoger una vida sin amor? Cuando el cielo al fin me encuentre muy lejos estará mi voz. Navegando por las aguas de río entre la niebla está Katyusha, quien espera a la Luna para dormir  y soñar con una diosa que toca el arpa dormida. No hay perdón para el poeta que no explora su dolor. Texto e imagen de Viento Nocturno

Macarrones

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La crema resbaló por la comisura de sus labios y cayó sobre el plato. La miré expectante. Ella hizo una mueca y se limpió con la servilleta mientras rebuscaba algo en su bolsillo. Encontró su teléfono y respondió una llamada.  - Ajá, sí. Ajá... Sí, sí, sí. Perfecto, te llamo más tarde. - colgó y observó con cuidado los apuntes que había hecho en su pequeña libreta - Lo siento, pero tus macarrones no son lo que estamos buscando. No es que no estén ricos, pero... ¿cómo decirlo? Son demasiado simples, no son más que unos macarrones. Nuestros clientes vienen aquí en busca de más que eso, vienen buscando algo nuevo, ¿entiendes? Innovador.  - Lo entiendo. - comencé a recoger mis cosas.  - Perfecto, me alegro de haberlos probado sin embargo ¿eh? Están muy bien hechos. Bueno, fue un placer hablar contigo, espero tengas un muy buen día. ¿El siguiente? Pase por favor. Ah Ernesto, ¿de nuevo por aquí? ¿Qué me traes esta vez?  Mientras salía entró otro hombre...

Invisible

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- Al caer la noche un gran secreto será revelado. - eso me dijo el fantasma, y luego se fue. Yo no comprendía nada. ¿Por qué el fantasma de mi padre me visitaba, bañado en esa extraña luz verde? Era la misma luz bajo la cual lo encontraron muerto en la fábrica en la  que trabajaba. Era un contador, y como tal no estaba expuesto a demasiados peligros. Pero esa fábrica era realmente muy peligrosa.  - Mi padre vino esta mañana. - el techo estaba bastante despejado, un único foco colgando sobre el centro de la cocina. Así que no fue ningún problema caminar por su suave superficie de yeso.  - Tu padre está muerto. - dijo mi madre con voz tensa mientras metía la cena en el horno, lavaba los trastes, atendía el teléfono y vigilaba un pozole que le habían encargado esa tarde para una fiesta, todo a la vez. Noté que tenía ojeras, que sus manos temblaban bajo los guantes y que su cabello ralo y delgado enmarcaba unas mejillas hundidas y enfermizas. Iba a contestarle...