Entradas

Alas

Imagen
Mi corazón se deshace está atrapado en el suelo sin alas que lo detengan yace solo en el cieno. Luz violenta en las Estrellas la Luna de sangre fatal y sin embargo las alas yo ya estoy por terminar. Donde el cielo azul renace el ave danza en su vuelo sin que los que ven compendan que su alma no está en el cielo. Ave , tus ojos destellan lágrimas , corazón letal de vacío son las balas con las que sufro al caminar. Finalmente, puedo volar la última pluma atrapé y ya aquella herida sané al ave voy a retornar. El Sol que se oculta en la inmensidad crece ésta noche, hoy no dormirá maldita ave de la calamidad ¿qué nuevo horizonte avistará? El infinito aquí terminó el ocho eterno por fin se acabó abro los ojos, ¡voy a despertar ! diez alas son reiniciar y acertar. Quebradiza ilusión, la eternidad lo que mi corazón quizo alentar sólo tristeza que hoy mismo se irá sus negras cadenas ya destruyó.

Un Rayo de Sol

Imagen
Laura se despertó. Estaba nublado otra vez. Las cortinas de su cuarto estaban abiertas de par en par, y las ventanas dejaban entrar una brisa helada. Pero nada de sol. La muchacha, una joven pelirroja de unos 16 años, suspiró. Se sentó en la cama, y se puso a jugar con uno de los mechones de su cabello, pensativa. Hacía días que estaba igual. Meses. Años quizá. Ya no recordaba la última vez que había visto el sol.  Suspiró, y se dirigió a su armario, abriéndolo. Estaba casi vacío, sólo había un viejo vestido negro, de luto, y un par de zapatillas oscuras igual,ente desgastadas. Sintió que las manos le temblaban. En definitiva tenía que ahorrar para comprar más ropa. No había querido usar eso desde el funeral de su madre. Se miró en el espejo. Su ropa necesitaba una lavada. Pero no podría quedarse sola en casa de su tía si no hasta la próxima semana, y hasta entonces ella vigilaba la lavadora, y no le permitía nunca usarla. "Sólo causas gastos" solía decir.  Es...

La Ejecución del Atardecer.

Imagen
Los rayos del atardecer coronaban el océano. Era un espectáculo bastante curioso, el ver la roja aureola asomando entre las olas lejanas que se perdían en el horizonte. Algunas gaviotas picoteaban la arena en persecución de cangrejos pequeños y de las pobres crías de tortuga que recién salían del caparazón. En la cima de un acantilado, sentada en una mecedora, una anciana de largos cabellos blancos vestida con un viejo vestido negro lo observaba todo apaciblemente, con una ligera sonrisa. Sus manos llenas de arrugas, pero aún duras y fuertes, como si fueran de cuero, se dedicaban a tejer metódicamente, sin detenerse, una larga colcha. Iba entrelazando los hilos uno tras otro. Primero pasaba el verde, luego el rojo, y le añadía unos toques de amarillo y naranja. Después pasaba al azul, al morado, y repetía el ciclo. La manta ya caía a sus pies en un desordenado bulto, mientras se mecía apaciblemente. Detrás de ella había una pequeña cabaña. Una cabaña de madera de roble, modesta, lle...

La Carta de Mar.

Imagen
No lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que ser yo el que recibiera esa carta? Ahí está, frente a mí, un simple trozo de papel, descolorido, arrugado, apenas legible en medio de todos esos garabatos. No se ve amenazador, su sombra apenas se nota en el suelo con la luz de la chimenea. Sin embargo, es dentro de mi alma donde la negrura que proyecta se vuelve más oscura con cada minuto que pasa. Mientras tanto, el enorme reloj de pie al lado de la puerta hace guardia para evitar que me escape. "Tic-Tac".  Tiemblo. A pesar de que estoy al lado de la chimenea, me estoy congelando. El fuego parece helado. La habitación se ha congelado en el tiempo. El reloj se sigue moviendo, pero yo se que en realidad no ha pasado nada, ni un segundo. Sí, frente a mis ojos. Lo juro, el tiempo ha dejado de existir. El reloj se mueve a toda velocidad, pero cada manecilla sigue su propia dirección. Pero yo sigo ahí, y el tiempo se ha detenido. Entonces volteo al fuego, y comprendo la razón de qu...

El Árbol Rojo.

Imagen
No puedo escuchar el silencio. Mi respiración se pierde en el fragor del aleteo de los cuervos. Cuervos enormes, más grandes que mi perro, que se pasean campantes por mi ventana. Graznando, y picoteándose, peleando por devorar el pastel que había dejado en el marco para enfriarlo. Los ahuyento con una escoba. Ellos se van volando. Estoy molesta. Muy molesta. Mi pastel se ha arruinado. Hay pelusa en toda su superficie. Culpa de la escoba, culpa de los cuervos. Mi culpa, que inútil soy. Me siento en una silla junto a la ventana, y lloro.  Mis hijos, dos muchachos de 12 y 15 años, juegan en el jardín. Se persiguen el uno al otro, y luego intercambian los papeles. De pronto, el menor se detiene, y vuelve la mirada a un punto que escapa de mi marco de visión. Sonríe, y saluda. El mayor está distraído, se ha girado a buscar el balón en el cobertizo. No está al tanto de su hermano menor. El pequeño de 12 años mira indeciso a la casa, y luego a su hermano. Finalmente, comienza a camin...

Justo

¿Qué es la justicia ?  -Madre, ¿dónde está papá? -Se ha ido de vacaciones hijo, ¿no te he dicho ya? -Han de ser unas vacaciones increíbles. Dos años... ¿Por qué yo no tengo vacaciones de ese tipo? -Porque debes estudiar, hijo. -Bueno, ¿al menos le puedo escribir cartas? Lo extraño mucho. -Claro, todas las que quieras, me aseguraré de enviárselas. ¿La justicia son las cartas sin leer que yacen sobre la mesa del estudio? Querido papá:  Espero que vuelvas pronto a casa. Te extraño mucho. Quiero mostrarte el hormiguero nuevo que hice. Es enorme.  Querido papá:  Madre llora mucho. También te extraña. A veces no parece ella misma, encerrada en su habitación. No me deja salir a jugar con mis amigos. Ojalá estuvieras aquí. Tu sí me dejarías.  Querido papi: El próximo sábado participaré en un concurso de natación. Madre por fin ha comenzado a salir un poco más de su habitación. Creo que verme tan motivado la ha animado. Espero que puedas ...

El Hada de los Dientes

Una espina clavada en el hombro de esa pobre madre trabajadora. ¿Cómo podrá alimentar a sus hijos si la espina se les entierra cada vez que intentan acercarse? El dolor de su corazón es tal que de su pecho salen pequeños pétalos carmesí cada vez que llora, y una herida se abre ahí en su seno como si un ojo se abriera para ver el mundo con una pupila sombría y llena de crueldad. Sólo palomas muertas pueden salir de su boca, sóo búhos encadenados hacen volar su mente. Gatos negros son sus pies, gatos negros cosidos con venas y engrapados con dientes a sus gelatinosas rodillas.  La mujer salta hacia la nada, se lanza desde la silla, y la soga en su cuello se hace cada vez más delgada entre los supurosos brotes de su piel que parecen envolverla como si de los pliegues de una manta se tratasen. Mas la soga se rompe, no sostiene el pesado riñón de la mujer, que está lleno de antiguas muelas que ha devorado, encontrándolas debajo de las almohadas de aquellos niños ilusos que la llama...