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La Ejecución del Atardecer.

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Los rayos del atardecer coronaban el océano. Era un espectáculo bastante curioso, el ver la roja aureola asomando entre las olas lejanas que se perdían en el horizonte. Algunas gaviotas picoteaban la arena en persecución de cangrejos pequeños y de las pobres crías de tortuga que recién salían del caparazón. En la cima de un acantilado, sentada en una mecedora, una anciana de largos cabellos blancos vestida con un viejo vestido negro lo observaba todo apaciblemente, con una ligera sonrisa. Sus manos llenas de arrugas, pero aún duras y fuertes, como si fueran de cuero, se dedicaban a tejer metódicamente, sin detenerse, una larga colcha. Iba entrelazando los hilos uno tras otro. Primero pasaba el verde, luego el rojo, y le añadía unos toques de amarillo y naranja. Después pasaba al azul, al morado, y repetía el ciclo. La manta ya caía a sus pies en un desordenado bulto, mientras se mecía apaciblemente. Detrás de ella había una pequeña cabaña. Una cabaña de madera de roble, modesta, lle...

La Carta de Mar.

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No lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que ser yo el que recibiera esa carta? Ahí está, frente a mí, un simple trozo de papel, descolorido, arrugado, apenas legible en medio de todos esos garabatos. No se ve amenazador, su sombra apenas se nota en el suelo con la luz de la chimenea. Sin embargo, es dentro de mi alma donde la negrura que proyecta se vuelve más oscura con cada minuto que pasa. Mientras tanto, el enorme reloj de pie al lado de la puerta hace guardia para evitar que me escape. "Tic-Tac".  Tiemblo. A pesar de que estoy al lado de la chimenea, me estoy congelando. El fuego parece helado. La habitación se ha congelado en el tiempo. El reloj se sigue moviendo, pero yo se que en realidad no ha pasado nada, ni un segundo. Sí, frente a mis ojos. Lo juro, el tiempo ha dejado de existir. El reloj se mueve a toda velocidad, pero cada manecilla sigue su propia dirección. Pero yo sigo ahí, y el tiempo se ha detenido. Entonces volteo al fuego, y comprendo la razón de qu...

El Árbol Rojo.

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No puedo escuchar el silencio. Mi respiración se pierde en el fragor del aleteo de los cuervos. Cuervos enormes, más grandes que mi perro, que se pasean campantes por mi ventana. Graznando, y picoteándose, peleando por devorar el pastel que había dejado en el marco para enfriarlo. Los ahuyento con una escoba. Ellos se van volando. Estoy molesta. Muy molesta. Mi pastel se ha arruinado. Hay pelusa en toda su superficie. Culpa de la escoba, culpa de los cuervos. Mi culpa, que inútil soy. Me siento en una silla junto a la ventana, y lloro.  Mis hijos, dos muchachos de 12 y 15 años, juegan en el jardín. Se persiguen el uno al otro, y luego intercambian los papeles. De pronto, el menor se detiene, y vuelve la mirada a un punto que escapa de mi marco de visión. Sonríe, y saluda. El mayor está distraído, se ha girado a buscar el balón en el cobertizo. No está al tanto de su hermano menor. El pequeño de 12 años mira indeciso a la casa, y luego a su hermano. Finalmente, comienza a camin...

Justo

¿Qué es la justicia ?  -Madre, ¿dónde está papá? -Se ha ido de vacaciones hijo, ¿no te he dicho ya? -Han de ser unas vacaciones increíbles. Dos años... ¿Por qué yo no tengo vacaciones de ese tipo? -Porque debes estudiar, hijo. -Bueno, ¿al menos le puedo escribir cartas? Lo extraño mucho. -Claro, todas las que quieras, me aseguraré de enviárselas. ¿La justicia son las cartas sin leer que yacen sobre la mesa del estudio? Querido papá:  Espero que vuelvas pronto a casa. Te extraño mucho. Quiero mostrarte el hormiguero nuevo que hice. Es enorme.  Querido papá:  Madre llora mucho. También te extraña. A veces no parece ella misma, encerrada en su habitación. No me deja salir a jugar con mis amigos. Ojalá estuvieras aquí. Tu sí me dejarías.  Querido papi: El próximo sábado participaré en un concurso de natación. Madre por fin ha comenzado a salir un poco más de su habitación. Creo que verme tan motivado la ha animado. Espero que puedas ...

El Hada de los Dientes

Una espina clavada en el hombro de esa pobre madre trabajadora. ¿Cómo podrá alimentar a sus hijos si la espina se les entierra cada vez que intentan acercarse? El dolor de su corazón es tal que de su pecho salen pequeños pétalos carmesí cada vez que llora, y una herida se abre ahí en su seno como si un ojo se abriera para ver el mundo con una pupila sombría y llena de crueldad. Sólo palomas muertas pueden salir de su boca, sóo búhos encadenados hacen volar su mente. Gatos negros son sus pies, gatos negros cosidos con venas y engrapados con dientes a sus gelatinosas rodillas.  La mujer salta hacia la nada, se lanza desde la silla, y la soga en su cuello se hace cada vez más delgada entre los supurosos brotes de su piel que parecen envolverla como si de los pliegues de una manta se tratasen. Mas la soga se rompe, no sostiene el pesado riñón de la mujer, que está lleno de antiguas muelas que ha devorado, encontrándolas debajo de las almohadas de aquellos niños ilusos que la llama...

La huella

El cielo gritaba sobre nuestras cabezas, furioso, como si quisiera destrozarnos y devorarnos con todo su poder. Aullaba y lamía nuestras paredes el viento, intentando hacer causa común con las alturas, mientras el mar rugía casi bajo nuestros pies, destruyendo roca a roca el risco para intentar arrastrarnos a sus oscuras profundidades. La campana en la torre sobre nuestras cabezas no paraba de repicar, una y otra vez, como si anunciara el advenimiento de Satanás. Miré preocupado al profesor. Él pobre hombre estaba pálido como un muerto, sus ojos marcados por las ojeras estaban enrojecidos y temblaban tras sus anteojos. Una barba de varios días intentaba disimular unas mejillas hundidas. Se veía terriblemente mal, acabado, como un hombre que ha perdido el alma. Sus ojos vacíos recorrían la habitación de un lado a otro, sin saber bien que hacer, como un animal desorientado y asustado buscando una salida. La puerta, sí, la puerta estaba abierta. Sus ojos iban hacia ella constantemente....

"Tumba de la Esperanza" - Soneto

Si en la negra noche cubrirme quiero,  ser manto negro, luna de silencio, y a estrellas como espejismos desprecio  mas en el fondo ceguedad anhelo.  Negras luces, falso se ve el destello; pero si rompen mi mirada rancia de helada tundra y gélida fragancia,  más pronto que tarde destruiré el velo. Más mucho pesa la roca, oscura, sobre mi tumba reposa radiante; golpeo, rasgo la piedra con rabia, nadie contesta y rompe en claustrofobia grito de un alma hambrienta y aberrante, encontrar mi Luna, fría hermosura.