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La sombra que dejó atrás

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Se apagaron las luces de la sala y ahí lo dejaron, sentado en el sillón. Creyeron que estaba dormido, inclusive dejaron la televisión encendida porque sabían que el murmullo de las voces y la música con el volumen bajo le ayudaba a tener un sueño más tranquilo. Claudia, la esposa, ni siquiera esperó a averiguar si su esposo acudiría al lecho. Últimamente se habían aburrido, se habían hartado el uno del otro y en lugar de amor mataban las horas ella leyendo, él viendo la tele, ambos trabajando de más. Cuando sus hijos le desearon las buenas noches desde el pasillo y se retiraron, dejando así todas las luces apagadas exceptuando la de la lámpara de la sala y la de su habitación, el conde Drácula miraba con ojos vidriosos desde su ataúd un vacío oscuro más allá de todo recuerdo, de toda vida humana, por suerte aún atrapado entre las páginas. Fue ella la primera en despertarse a la mañana siguiente. No le extrañó la frialdad de las sábanas, atribuida a la falta de un cuerpo vivo q...

Entropía

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Palabras que se deshacen en el viento, pensamientos, saltando de un lado a otro y germinando de vez en cuándo en la fertilidad del Nilo entre tus piernas, ese que se extiende con boscoso oasis hasta la colina del manzano. Y después la voz solitaria del amante que se va, con la lluvia, no me tapes, que debo de caminar: la calle se dobla, se retira, y la luz del sol se extingue bajo el mar de lluvia... ahora son mis recuerdos, los ecos de mis besos, los que corren por las calles en húmedos ríos de caricias dando vida quitando suerte arrastrando lejos los barcos de papel de soñadores afortunados entropía dadora de vida señal del sol de medianoche las caídas del desierto en medio del vacío se extiende tu plateado vestido como sexo estelar y las voces de todas tus estrellas que caen desde mis ojos se desliza recorriendo tu cuello un suspiro la profecía se cumplen las promesas se mantiene el ritmo abre los pétalos mata las hojas cierra los ojos pasto de la tierra aliméntame con tu esencia de...

El chico que odiaba las nubes

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Mis pies me duelen, quizá sea porque están colgados del tendedero, le dije a mi madre que no se necesitaban poner a secar pero ella insistió en que la forma correcta de hacer las cosas y las buenas costumbres imponían sobre nosotros la necesidad de colgarme por los pies del tendedero. A mi lado se dispuso a cagar una paloma, sus hermosas plumas de un verde azulado estremeciéndose cada vez que de su ano surgía un chorro de blancuzco líquido que iba a dar al suelo, salpicando los pobres pastitos. A mi alrededor se extiende un jardín de rosas silvestres, no estoy seguro de qué es lo que quiero hacer, pero sé que las puertas del jardín estarán cerradas por siempre. Quizá pueda sentarme en un rato, cuando logre quitarme los pies de mis zapatos y los deje atrás para sentir la hierba crecer entre los dedos.  Un día mis padres decidieron levantar un inmenso muro de piedra en torno a mi cama, una especie de microcosmos de rejas de hierro dentro del cual estarían ahora sí completamente segur...

Esta va para ustedes, amigos artistas

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Esta va para ustedes, amigos artistas, cuyos sueños murieron en su juventud bajo el peso del polvo y las raíces, esta va para ustedes, que se alzaron cual tigridia iluminando el cielo y luego se desvanecieron entre humo y cenizas mientras abajo, sin entender lo que pasaba, les aplaudían, esta va para las que, solitarias, soportaron y sucumbieron a los golpes insistentes en la puerta del cuarto con un martillo, esta va para las cientos de flores de un solo día. Esta va para ustedes, amigos artistas, cuya barriga duele de hambre y cuyas manos tiemblan al sol de un amanecer sin sonido, la belleza que sus ojos ven merecía ser conocida, y sin embargo son hermosas tus manos agrietadas, tu piel tan lastimada por el olor de las rosas que invaden los museos  de perfumes costosos, de abrigos de piel de zorro hechos sin matar ni uno solo, esta va para ustedes, rostros sin nombre, olvidados sociales voces del monte, esta va para aquellas que de hambre murieron y también para esos cuyo arte rom...

¿Mamaíta, qué hay para cenar?

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Me despierta la luz que se apaga, mi departamento se ha quedado a oscuras. Siento el cuerpo pesado por toda la deuda nacional acumulada y asumida en impuestos que no puedo pagar, que no quiero pagar. El ventilador silba, silba sobre mi cabeza con sus cuchillas lo suficientemente fuertes para destrozarme un dedo pero no tanto para arrancarme la cabeza. Meto la cabeza entre las aspas giratorias para detener el aparato, apretando un pequeño botón muy mal colocado entre el ventilador y el techo que ya me ha costado uno o dos dedos. ¿Por qué compré esta cosa defectuosa? Ah claro, era lo único que podía comprar y al departamento no le faltaba aire acondicionado, ya podía yo irme a buscar uno con clima si tenía el dinero para esa comodidad. Las horas que pasan en el reloj cuyas manecillas son las aspas del ventilador pasan más rápido cuando uno es capaz de seguir el movimiento del sol por los techos. Me gusta mucho observar, observar en silencio y esperar, callar, desaparecer, hacerme invisib...

Profecía para los pobladores de un nuevo país

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Se levanta desde el lago de Texcoco tu alta y pálida figura, tu voz rasga los cielos así como rasgadas están tus vestiduras, no importa que me llegue desde kilómetros de distancia: igual puedo escuchar fuerte y claro tu lamento. Ay, Llorona, que se mueren tus hijos de hambre allá en la sierra, que los militares te matan los niños y de traficantes los visten, ay, Llorona, tu México sangra, Diosa Madre Doliente, Cihuacóatl despierta, alza al cielo tus manos  y grita con voz ferviente: "Ay, mis hijos, mis aguas, mis tierras, ¡Anáhuac perdido, gritos en la sierra! La advertencia no fue escuchada, mis hijos murieron, la advertencia no fue tomada, mis hijos desaparecieron, hoy son otros los hijos que acojo en mi seno, hoy son otras las voces que oigo hablar en el cerro. "Escuchen, mis hijos, que viene una tormenta. Miren al cielo del este, la mar está violenta. El sur y el norte que colapsan sobre sus imperios de mentiras no son señal de la esperanza, pero más bien de la insidia qu...

Cuando el bosque ame

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Si quiero, extenderme puedo mucho más allá de los límites visibles para la mayoría de los animales, arrastrar mis raíces bajo la tierra hasta sentir los cimientos de alguna roca extraña colocada ahí a propósito para servir de guarida a los seres humanos. Cuando mis colinas se llenan de hojas y el invierno pone blancos los vientos prefiero en cambio retraerme, guardarme a mí mismo para evitar perderme entre los sueños profundos de la semilla. Las pesadillas que me acosan cuando duermo demasiado tiempo siempre tienen que ver con sierras y cenizas, y no logro entonces descansar aún si todo permanece quieto. El paso del tiempo sin embargo para mí es muy diferente. A veces me siento embargado por la cantidad de información referente a aquellos seres humanos que de vez en cuando se mueren y alimentan mis fértiles suelos con su memoria y recuerdos. Aunque por mí también han pasado acontecimientos, desde niños perdidos hasta enteros ejércitos, lo cierto es que mi memoria es distinta, mi me...